La visión de Marina: El impactante Paraguay. Intercambio España-Paraguay

Marina, que acaba de cumplir 18 años y quiere ser médico para poder ayudar a la gente, participa en el Comité Juvenil de Plan International España desde hace cuatro años, y es una joven activista muy involucrada en la defensa de los derechos de la infancia y la igualdad de las niñas.

En junio de 2017 tuvo la oportunidad de visitar Paraguay junto a sus compañeras para visitar el proyecto Sape’a e intercambiar experiencias con jóvenes paguayos. Sobre el viaje, Marina nos cuenta:

Esa noche no podía dormir por la mezcla de emociones causadas por lo que me esperaba al día siguiente: un viaje eterno en avión por primera vez, pasar por encima de otros continentes como África y al fin cruzar el charco y llegar a América.
Llegar a nuestro destino fue algo agradecido por todas, sobre todo por poder descansar largo y tendido completamente estiradas en una cama decente y no improvisada en el avión. Cuando llegamos no me dio tiempo a más que a observar lo que me rodeaba, leer los carteles publicitarios y ver que efectivamente estaba en otro país muy diferente al mío, aunque aparte de lo evidente, como esos pequeños cambios en la lengua, la temperatura (que bien se agradecía viniendo del calor sofocante de Madrid) y el cambio de hora, no tenía ni idea de lo intensa y renovadora que iba a ser mi corta estancia en este país, que nos acogió con tanto cariño haciéndonos sentir en casa.
Al día siguiente empezamos a cumplir nuestra apretada agenda, comenzando con una reunión en un espacio reconfortante con las y los jóvenes que forman el Consejo Consultivo Nacional de Paraguay. Allí tuvimos la oportunidad de conocer de qué partes del país venían, contándonos como está la situación en su zona, y nos dieron la oportunidad de hacerlo nosotras y así compartir y conocer cosas de ambas culturas, países y realidades. También participamos en una mesa redonda en la que compartimos ideas sobre distintos temas y nos contaron sus experiencias a la hora de encontrar trabajo, por ejemplo.
Continuamos al día siguiente con un viaje de baches, que no nos impidieron dormir durante el trayecto, hasta Paraguarí y después Caaguazú, donde conocimos a los beneficiarios del programa Sape’a que están recibiendo un curso de porcinocultura, además de a tres personas que gracias este programa y al concurso #MeAnimoAemprender sacaron un buen plan de negocio y pueden salir adelante.
Conocerlos fue todo un gusto, ver como con empeño y echándole ganas han podido hacer realidad el sueño de ser jóvenes emprendedores me hizo tener una sensación difícil de describir con palabras, pero que puedo asegurar que era buena, muy buena.
Otro día más de camino a un nuevo lugar, lo que yo no sabía es que llegaría, para mí, el día que tendría más impacto en mi persona abriéndome los ojos una vez más, conocimos Bañado Sur, con la agradable compañía de Marcela, una joven de la zona que participa en el Consejo Consultivo de Plan Paraguay.
En un primer momento esta visita parecía como las otras, la mayor parte en el coche y conociendo gente, en este caso a una familia en su casa. Pero la reflexión vino después. No es lo mismo que te cuenten que hay gente que vive mal, que se inundan sus casas, que viven al lado de un vertedero… que verlo. Verlo es diferente, es un choque con la realidad que cuando la procesas asusta y hace sentir impotente y puede que confusa ya que llegas allí y la gente sonríe, es su realidad, lo que les ha tocado, no son las mejores condiciones, pero sonríen, es simplemente chocante.
La última visita fue de nuevo en Caaguazú para participar en la reunión del Consejo Consultivo de la zona, donde compartimos de nuevo ideas sobre distintos temas, nuestros planes de futuro, nuestro día a día, etc. Este fue el día más emotivo, nos íbamos a marchar y quién sabe cuándo volveremos a ver a esta gente que nos ha acogido tan bien en su país, con cariño, deliciosa comida, danza y conocimiento. Aún me lo pregunto y espero impaciente una repuesta.
Tristeza, ese fue el sentimiento al despedirnos de las y los jóvenes del comité y de la gente de PLAN que nos estuvo llevando de acá para allá y cuidando de nosotras con cariño, a los que estoy muy agradecida.
Al llegar a Madrid me di verdaderamente cuenta de lo que me he traído del país, aparte de cajas y cajas de nuestro nuevo vicio, el terere, un sentimiento de comunidad y de haber, por fin, cambiado testimonios leídos y cifras por personas a las que he abrazado y que ahora echo de menos.
Un viaje lleno de emociones que no olvidaré jamás por todo lo aprendido.

¡GRACIAS, PARAGUAY!

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